sábado, 20 de agosto de 2011

De grullas y ranas, de abogados y conciliadores

Ayer estaba sentada en una sala de reuniones reunida conmigo misma. ¿Por qué? Porque los demás invitados había decidido "conversar" en un lugar privado. Un lugar donde deliberaban sobre mí, sobre mi futuro laboral, sobre mis derechos, sin mi presencia ni mi opinión, aunque debo aclarar que yo ya había dicho todo lo que tenía que decir al respecto y, a decir verdad, no me habían dado ni la hora. Cosas de abogados.
Siempre tengo papelitos en la cartera, los guardo para después tirarlos en un cesto, pero allí se quedan.
Necesitaba compañía, así que me puse a plegar.
Pronto una rana y dos grullas diminutas me miraban sorprendidas desde la mesa.
-Ya no estoy sola -les dije, como si me pudieran escuchar.
-Nunca estuviste sola -fue la minirespuesta de una de las minigrullas.
Tan mini fue la respuesta que tuve que acercar mi oído para escucharla.
La rana pegó un salto de rana papeluda y se acomodó en mi hombro.
-¿Y si nos vamos con Boris y Mauro?
-Sería lindo -le dije-, un rico licuado de banana en La Paz me vendría bárbaro.
-A La paz, a La Paz -corearon entusiasmadas las grullitas.
Me divirtió verlas así, pero no podía complacerlas, tenía que esperar.
-¿Por qué no vas y les decís a esos mamarrachos que terminen de una vez?
-No puedo.
-Bueno -dijo la rana pegando otro salto de vuelta a la mesa-, si hay que esperar esperemos.
Se puso a saltar sobre la mesa y las grullitas a volar a su alrededor. La rana saltaba cada vez más alto, primero saltó sobre el estuche de los anteojos sin siquiera rozarlo y después me iba pidiendo que le pusiera cosas más y más altas para probar su destreza. Las grullitas aplaudían cada logro de la rana. Y a mí la espera se me hizo menos larga y más divertida.
Será por eso que me miraron raro los abogados cuando vinieron a donde yo estaba.
Será por eso que cuando me dijeron que no firmábamos el acuerdo y que tenía que volver otro día, los miré, abrí la cartera, entraron ordenadamente las grullitas y la rana y me fui.
A encontrarme con Boris y Mauro.
Eso sí, antes de saltar adentro de la cartera, la rana les sacó la lengua a los cuatro.



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